Guion es de bu en cine
Es un hito que haya cinco películas nacionales en las retinas.
–Soñar no cuesta nada, de Rodrigo Triana, con 1,2 millones de espectadores.
–Karmma, de Orlando Pardo, con 413 mil espectadores.
–El colombian dream, de Felipe Aljure, con 369 mil espectadores.
–Cuando rompen las olas, de Ricardo Gabrielli, con 19 mil espectadores, y
–Al final del espectro, de Juan Felipe Orozco (en la foto), sin estadística a la mano.
La nueva vida…
La nueva vida no le sentó bien a Jan. Ella estaba acostumbrada a sus cuatro polvos diarios y a verme pobre y humilde. Después de la jornada en el almacén y luego de la carrera salvaje y el sprint final a través del parking y túnel abajo, no me quedaba mucho amor en el cuerpo. Cuando llegaba por la noche, ella siempre estaba sumergida en su vaso de vino.
–El señor juegacaballos –me decía al entrar. Estaba completamente vestida; con tacones altos, medias de nylon y las piernas cruzadas bien altas, balanceando el pie–. El gran señor juegacaballos. Sabes, cuando te conocí me gustaba el modo que tenías de cruzar una habitación, andabas como si fueses atravesando paredes, como si lo poseyeses todo, como si nada importase. Ahora consigues tener unos cuantos pavos en el bolsillo y dejas de ser el mismo. Actúas como un estudiante de dentista o un fontanero.
–No me empieces a largar ningún rollo de fontaneros, Jan.
–No me has hecho el amor en dos semanas.
–El amor toma muchas formas. El mío ha tomado una forma más sutil.
–No me has follado en dos semanas.
–Ten paciencia. En seis meses estaremos de vacaciones en Roma, en París…
–¡Mírate! Sirviéndote ese whisky bueno y dejándome a mí aquí tirada bebiendo este vino barato pudretripas.
Yo me relajaba en una silla y movía los cubitos de hielo con el whisky. Llevaba puesta una costosa camisa amarilla, bastante chillona, y unos pantalones nuevos, verdes con rayitas blancas.
–¡El gran señor juegacaballos!
–Te doy el alma, te doy sabiduría y luz y música y un poco de diversión. Aparte, soy el más grande jugador de caballos del mundo.
¡Mierda de caballo!
–No, jugador de caballos. –Me bebí el whisky, me levanté y me serví otro.
Charles Bukowski (1920–1994) bien puede definirse como contracultura, o literatura underground. Bares, desempleo y patios traseros dibujados por él, también lo dibujan en textos crudos que, en el fondo, muestran el sueño americano desde otra óptica.






